domingo, 13 de julio de 2014

Josué: la conquista de la tierra

El ciclo de la Torá se ha culminado, pero la historia queda abierta: el pueblo aún no ha entrado en la Tierra Prometida. Se inicia ahora una colección de libros que la Biblia Hebrea llama Profetas (Nevi’im), y que el canon cristiano denomina históricos. Siguiendo el canon hebreo o Tanakh, los Profetas se dividen en:

·    Primeros profetas: Josué, Jueces, Samuel I y II, Reyes I y II.
·   Profetas tardíos: Isaías, Ezequiel, Jeremías y el Libro de los Doce (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías).

En los libros de los primeros profetas se relata la historia de Israel: la ocupación de la Tierra Prometida, la consolidación de las doce tribus, el establecimiento de la monarquía y la historia del reino, su división, sus conflictos y su conquista por parte de asirios y babilonios, hasta la deportación a Babilonia y el exilio. Estos libros toman la forma de una narrativa histórica que bebe de fuentes más antiguas, desde la tradición oral hasta las crónicas de los archivos reales.

Esta historia no siempre se ajusta a lo que la arqueología y los estudios posteriores nos revelan. De nuevo nos encontramos con que la noción de historia de la Biblia no significa un informe riguroso y exacto de los hechos, sino un relato que persigue encontrar un sentido a lo sucedido. Yehezkel Kaufmann habla de una historiosofía o filosofía de la historia. El autor deuteronómico no quiere tanto contar lo que ocurre sino por qué ocurre, y qué sentido tiene para el oyente o lector del relato. Para ello se vale de un patrón literario que se repite en los diferentes libros y que sirve de marco a los hechos narrados. Los académicos han identificado a un autor o grupo editor, la escuela deuteronómica, cuya visión se transluce en los libros que siguen al Deuteronomio: Josué, Jueces, Samuel y Reyes.

¿Quién escribe?

Los compiladores de la escuela deuteronómica escriben desde el exilio en Babilonia, y esto es importante para explicar su posición y su ideología. Como ya comentamos en el capítulo anterior, el mensaje que se quiere transmitir es, por un lado, dar una explicación a la desgracia sufrida por Israel y, por otro, llamar a la esperanza. El pueblo debe mantenerse unido, debe conservar su identidad y si es fiel a Dios podrá retornar a su patria. El origen de todos los males ha sido el alejamiento de Dios; si el pueblo se arrepiente y vuelve sinceramente de corazón a la fe en Yahvé, éste lo protegerá y le devolverá la posesión de la tierra. Hay una clara llamada a la fidelidad a Dios y a su ley: «Que este libro de la Ley no se aparte de tus labios. Medítalo día y noche, para poder cumplir todo cuanto está escrito, así tendrás éxito en todas tus empresas, todo te irá bien» (Jos 1, 8).

Varios rasgos distinguen a la escuela deuteronómica y nos dan pistas sobre sus intereses y tal vez sobre su origen:

·   Jerusalén es el lugar designado por Dios para que su nombre lo habite.
·   El rey es importante: garantiza la ley y mantiene unido al pueblo. Los autores deuteronómicos son los únicos que prevén una legislación bajo un monarca.
·   Se resaltan figuras campeonas de Yahvé, como los profetas Elías y Eliseo, férreos defensores de la pureza de culto y la oposición a cualquier sincretismo.
·     Hay una preferencia por el reino del sur, Judá, y su dinastía, la casa de David.
·    Los cananeos son vistos con tintas muy negras.

¿Qué cuentan?

En el libro de Josué se relata la conquista y el reparto de la Tierra Prometida entre las doce tribus. El relato se divide en dos partes: la primera es una serie de campañas victoriosas, donde Josué se va encumbrando como líder (Jos 1-12). La segunda parte explica el reparto de la tierra entre las doce tribus (Jos 13-22). El final contiene la despedida de Josué y la renovación de la alianza con Dios en Siquem (Jos 23-24).

Josué es presentado como un segundo Moisés, que conduce a su pueblo de victoria en victoria y va tomando una tras otra las ciudades cananeas. En todas las campañas se repite la dinámica: Dios marcha con su gente, al frente de la tropa, presente en el arca sagrada de la alianza. El enemigo sucumbe aterrorizado y Josué y los suyos capturan la ciudad, que someten al exterminio sagrado o herem, esto es, que todo lo pasan a fuego y espada para entregarlo como ofrenda a Yahvé. En el libro se repite como un estribillo esta frase: «Sé valiente y firme, no tengas miedo: Yahvé tu Dios está contigo allí donde vayas» (Jos 1, 9).

Además, en la historia de Josué se dan unos episodios paralelos a los de la vida de Moisés. En primer lugar, el pueblo cruza el Jordán. Como en el paso del Mar Rojo, Dios divide las aguas del río mientras los sacerdotes están allí, en el cauce seco, con el arca. El pueblo armado pasa al otro lado a pie enjuto. Cuando el arca se retira las aguas vuelven a su curso (Js 3, 14). Este paso es conmemorado con doce piedras que se levantan en la orilla, una por tribu, como memorial. Este cruce de las aguas, símbolo del origen primordial y también de las fuerzas destructoras, es como un bautismo previo al nacimiento o a la formación de la futura comunidad.

Josué también recibe una visión, similar a la de Moisés ante la zarza ardiendo. Pero esta vez no es una llamarada, sino la imagen de un hombre con una espada desenvainada: «Soy el jefe del ejército de Yahvé. Acabo de llegar» (Js 5, 14), dice el misterioso guerrero. Josué se postra ante él y se pone a su servicio. El hombre le ordena descalzarse «porque el lugar que pisas es sagrado». No se explicita qué mensaje le transmite, aunque podemos imaginarlo.

La primera conquista es la de Jericó, la ciudad de las palmeras. Dos espías son protegidos y ocultados por la prostituta Rahab. Cuando Josué emprende su ataque, lo hará de forma muy singular, siguiendo las instrucciones de Yahvé. Rodea la ciudad con sus tropas, pero delante marchan los sacerdotes, con el arca sagrada y tocando sus cuernos. Durante seis días dan una vuelta a la ciudad, y al séptimo día dan siete. Cuando toca el último cuerno, todos lanzan un grito de guerra y las murallas de Jericó caen derrumbadas. Entonces la tropa invade la ciudad y la arrasa. Solo Rahab y su familia se salvan del exterminio.

Entre conquista y conquista, Josué renueva la alianza en el monte Ebal, ante Siquem. Allí escribe una copia de la ley sagrada ante los israelitas, se lee ante el pueblo y se lanzan las bendiciones para quien la cumpla y las maldiciones para quien la transgreda (Jos 8, 32-35). Al final del libro esta alianza será renovada.

Un episodio célebre del libro de Josué es la detención del sol durante la batalla de Gabaón. Josué y su tropa están combatiendo a una coalición de cinco reyes cananeos. Dios ha enviado un fuerte granizo que ha matado ya a muchos y los israelitas emprenden su persecución para exterminarlos. Es entonces cuando Josué clama al cielo: «Detente, sol, en Gabaón; detente, luna, en el valle de Ayalón». Y el sol se detiene hasta que terminan con sus enemigos. «Como aquel día no ha habido ninguno jamás, ni antes ni después; Yahvé obedeció la voz de un hombre, Yahvé mismo combatía por Israel» (Jos 10, 14).

La idea del libro es clara: Dios entrega la tierra a Israel. Es él quien aterroriza al enemigo, quien combate por los suyos y los lleva a la victoria. «No temas, porque los pongo en tus manos» (Jos 10, 8). «No tengáis miedo, sed fuertes y valientes, porque es así como Yahvé actuará con todos vuestros enemigos, con quienes luchéis» (Jos 10, 25). Sin su ayuda, no hubieran podido conquistar la tierra. Y la conquista es aplastante y completa. Por tanto, Israel no debe dormirse en los laureles del triunfo. Ha de recordar que todo se lo debe a Dios y debe guardar su ley fielmente, «sin apartarse a derecha ni a izquierda» si quiere conservar lo que ha obtenido.

Ahora bien, ¿qué sucedió en realidad? Veamos la otra cara de la historia.

Canaán, tierra disputada

La arqueología no concuerda con el relato bíblico. No se han encontrado restos de ciudades destruidas hacia el s. XII a.C., cuando se supone que Josué emprendió sus campañas. Jericó ni siquiera existía como ciudad, había sido destruida anteriormente y si quedaba algo sería una aldea de cuatro casas.

Por otra parte, la misma Biblia se contradice. Hay ciudades que, según el libro de Josué, fueron conquistadas pero luego, en el libro de los Jueces, se afirma que seguían siendo cananeas. Dice el libro de Josué que Yahvé dio a Israel «todo el país que le había prometido dar a sus padres» (Jos 21, 43), pero más tarde veremos que no es así. Josué, al parecer, murió habiendo dejado mucho territorio por conquistar… ¿Qué ocurre aquí?

Historiadores, arqueólogos y biblistas han intentado trazar un panorama de Canaán en el s. XII para comprender mejor cuál era el contexto histórico de los israelitas y cómo debió producirse su ocupación de la tierra. Esto y la perspectiva de los autores deuteronómicos, desde el exilio, nos permitirá comprender mejor el sentido del relato.

Canaán es una estrecha franja de tierra, por la que reyes e imperios han combatido durante milenios… ¡y siguen combatiendo hoy! ¿Qué tiene este territorio? No es especialmente rico ni espacioso, pero es un lugar de paso estratégico. A caballo entre Asia, Europa y África, por allí pasaban, en la antigüedad, las rutas comerciales entre Mesopotamia, Egipto y Asia Menor. Por tanto, quien controlaba estos pasos, podía enriquecerse fácilmente. Egipcios, hititas, asirios y babilonios echaron sus zarpas sobre la tierra cananea, aliándose o guerreando con los reyezuelos locales.

En Canaán se pueden distinguir tres grandes zonas: la llanura costera en occidente, las montañas centrales y el valle del Jordán, entre el mar de Genesaret y el Mar Muerto. El monte Hermón, al norte, es el punto más alto, con casi 3000 m de altura. El Mar Muerto, al sur, es el lugar más bajo del planeta, con 400 m bajo el nivel del mar. Valles fértiles, montes abruptos, colinas, riberas frondosas y desiertos áridos conforman una geografía accidentada que no favorece precisamente la unidad. De ahí que la Tierra Prometida fuera habitada por un mosaico de tribus a menudo rivales y enfrentadas.

Variedad geográfica, diversidad étnica: en Canaán convivían agricultores sedentarios, mercaderes de las ciudades, pastores seminómadas de los montes, cananeos y muchos otros ―jebuseos, amorreos, fereceos, heveos, hititas, filisteos…―. La convivencia no era fácil y los enfrentamientos entre unos y otros eran frecuentes.

En medio de esta mezcolanza, ¿cómo surge Israel? Porque hay algo claro, como lo refleja la estela del faraón Merenptah rememorando su campaña cananea en el 1204 a.C.: entre todos esos pueblos los israelitas son un grupo ya diferenciado, con entidad propia. Tal vez un grupo pequeño, insignificante, posiblemente molesto y rebelde, pero ¡ahí está!

El nacimiento de Israel

La profesora Christine Hayes señala tres hipótesis que los académicos proponen para explicar el surgimiento de Israel como pueblo distinto del resto.

·    La migración. Israel nace del progresivo asentamiento de pastores nómadas que bajan de los montes a los valles, ocupando diversos asentamientos. Esto se produce en una época de convulsiones en el Mediterráneo oriental. El imperio hitita se derrumba, Egipto ha perdido la hegemonía de los tiempos de Ramsés II y la XVIII dinastía, los enigmáticos “pueblos del mar” se ponen en movimiento y asolan diversos reinos y ciudades. Es en ese contexto cuando los hebreos se movilizan. Sin embargo, los restos arqueológicos sugieren que la ocupación fue relativamente pacífica y que posiblemente se integraron con la población sedentaria cananea.

·    La revolución. Según algunos estudiosos, Israel surge de una revolución social en el seno de la población cananea. Un grupo rebelde y marginal, los llamados habiru en diversas fuentes escritas de la antigüedad, se desmarca de sus paisanos para abrazar una fe distinta en Yahvé, el dios liberador. Entre este grupo se encontrarían los descendientes de un grupo de esclavos fugados de Egipto.

·   La agregación de pueblos. Es la teoría mejor respaldada por la arqueología. Propone que gradualmente surge un grupo, entre los cananeos, formado por componentes diversos que rinden culto a Yahvé, un dios venido de las regiones del sur. Este grupo diferenciado está formado por labradores sedentarios, esclavos fugados de Egipto, pastores seminómadas, madianitas, kenitas y habiru. Todos ellos abrazan la fe en Yahvé y adoptan la historia del Éxodo y la liberación como propia, pero al mismo tiempo comparten la cultura local de su entorno. Así, vemos cómo muchos de los atributos de Yahvé son propios de los dioses del panteón cananeo, especialmente El y Baal.

La inquina de los israelitas hacia los cananeos puede ser interpretada como una auténtica rivalidad entre hermanos, del mismo origen pero disputando por la tierra y enfrentándose por cuestiones religiosos. El origen común explica también el afán por diferenciarse, por distinguirse y resaltar una identidad propia y fuerte. La fe en Yahvé es un lazo de unión interna y a la vez un sello distintivo, de ahí que los dirigentes del pueblo insistan tanto en la fidelidad al único Dios y el rechazo de la idolatría y el sincretismo.

El mensaje: con Yahvé venceréis

De todo esto podemos extraer el mensaje que los autores deuteronomistas propusieron a su gente. Dios es un Dios amante y celoso. Ofrece apoyo y victoria ante los enemigos, pero pide una lealtad exclusiva y sin concesiones. La historia lo demuestra: cuando el pueblo ha sido fiel, Yahvé ha coronado sus empresas con la victoria. Cuando ha sido infiel, ha sobrevenido el desastre. La promesa de la tierra se cumplirá si Israel es leal a su Dios. El pueblo es libre de decidir pero debe afrontar las consecuencias. En la alianza de Siquem, Josué pide a los suyos que se definan y renueven su compromiso:

Por tanto, creed en Yahvé y adoradlo sinceramente y en verdad, echad fuera los dioses que adoraban vuestros padres en Mesopotamia y en Egipto, y dad culto a Yahvé. Y si os parece mal adorar a Yahvé, escoged hoy a quién daréis culto: a los dioses que adoraron vuestros padres en Mesopotamia o a los de los amorreos, en cuyo país vivís. En todo caso, yo y mi familia queremos adorar a Yahvé. […] El pueblo contestó: No, queremos adorar a Yahvé. […] Así pues, tenéis que desprenderos de los dioses extranjeros que tenéis entre vosotros y entregar vuestro corazón a Yahvé, Dios de Israel. El pueblo dijo: Queremos adorar a Yahvé, nuestro Dios, y obedecerlo. (Js 24, 15. 21. 23-24)

Dios responde, renovando su alianza con el pueblo y recordándole todo cuanto ha hecho por él:

Vosotros sois testimonios de todo aquello que Yahvé, vuestro Dios, ha obrado con estos pueblos que tenéis delante, de cómo Yahvé, vuestro Dios, ha luchado él mismo contra ellos a favor nuestro. […] Vosotros, tal como Yahvé, vuestro Dios, os prometió, poseeréis su tierra (Js 23, 3. 5).

Desde la perspectiva del exilio, este relato es una llamada a los israelitas no desfallecer, a mantenerse unidos, a conservar la identidad propia y a esperar que, un día, regresarán a la tierra prometida.

Para un lector de hoy, el libro de Josué no deja de tener sentido si le quitamos buena parte del rigorismo religioso, la simbología ritual y la  violencia implícita. Sé firme y valiente, confía y el éxito coronará tu empresa es una buena máxima, válida para toda persona y en todo tiempo. La fidelidad, a Dios y a los propios principios y valores, es otro buen criterio para afrontar la vida. Fidelidad y coraje podrían resumir, en dos palabras, el mensaje que el libro de Josué nos puede ofrecer a los lectores de hoy.

Sobre los muros de Jericó y el exterminio sagrado

Dos apuntes sobre la espectacular toma de Jericó y este concepto tan incómodo: el herem o exterminio sagrado.

La toma de Jericó, como hemos visto, se parece a cualquier cosa menos a un asalto en toda regla. Las siete vueltas a la ciudad, desfilando con el arca sagrada y al toque de trompeta, ¿no recuerdan más bien la imagen de una procesión religiosa?

Posiblemente el relato está dando una forma literaria y épica a una fiesta ritual, como queriendo explicar su origen. Encontramos elementos sagrados ―el arca, que contiene la ley de Dios y su presencia―, rituales ―las trompetas, los sacerdotes― y gestos del pueblo ―caminar dando vueltas tras el arca, el grito unánime―. Podemos concluir que este episodio es una forma dramática de explicar un culto a Dios. El mensaje que nos lanza concuerda con el de todo el libro: no son las armas ni vuestro esfuerzo quienes os salvarán, sino la mano todopoderosa de Yahvé. Por tanto, la mejor arma es serle fiel, y él os entregará todo lo que deseéis.

En cuanto al exterminio sagrado, hay que señalar que no era exclusivo de Israel, ni mucho menos. En otros pueblos del Oriente Medio se practicaba como parte de las leyes de la guerra. Era una forma de aplacar a los dioses mediante ofrendas materiales del botín de guerra. La ofrenda es quemada y destruida para que los dioses la posean.

Los israelitas repudiaban ciertas formas violentas de castigo y sacrificio, entre ellas los sacrificios humanos habituales en otras culturas, como la cananea. En Israel esta costumbre toma un sentido religioso y de obediencia a Dios. Todo cuanto se ha conquistado se ofrece a Dios, a quien se atribuye exclusivamente la victoria, siguiendo la línea de los autores bíblicos.

En la práctica, como señalaría el sentido común, el botín se debía aprovechar y repartir bien, los cautivos serían vendidos o reducidos a la servidumbre y una parte, quizás el oro y las joyas, se destinaría a los sacerdotes y al culto.

Las escenas de destrucción y matanza son exageradas y simbólicas, igual que la toma de Jericó. Pasar las ciudades por el exterminio sagrado significa dedicarlas, consagrarlas a Dios. Sin concesiones a otros dioses ni a la ambición personal de los líderes. Porque la victoria la da Dios, el botín también es suyo.

1 comentario:

  1. Anónimo8/14/2017

    " los israelitas repudiaban ciertas formas violentas de castigo y sacrificios..." Eso no es correcto. Ellos hacían lo mismo. La biblia está escrita del final hacia el comienzo y no al revés. Ellos sacrificaban a sus hijos tanto como los mismos cananeos porque ellos mismos eran esos cananeos. Por el resto muy de acuerdo con el escrito. Muy interesante.

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